viernes, 11 de septiembre de 2009

EL FIN DEL MUNDO



El mayor aporte de la evolución al “Homo Sapiens”, nosotros, ha sido la mente pensante, y, por añadidura, el “yo”. Ninguna otra especie posee un yo estructurado, con una idea de individualidad, con todos sus atributos, con su cuadro completo de visión de pasado, presente y futuro.
Dicha mente pensante ha colocado a nuestra especie en condiciones de poblar y dominar el planeta sin ninguna oposición válida de ninguna otra. Se ha verificado un dominio contundente y total. Un triunfo completo.
Al mismo tiempo, dicha mente ha sido su mayor desdicha. Establecerse como una individualidad separada de los demás individuos y del mundo tal como es percibido, ha creado las condiciones para su derrota total como especie. Después de su desaparición dejará un planeta inservible que necesitará unos doscientos cincuenta años para comenzar a borrar su presencia, según un excelente documental de “History Channel”.
La Torre Eiffel se derrumbará a los cien años y la Estatua de la Libertad en ciento cincuenta. (Si la memoria no me falla).
El Homo Sapiens no dejará piedra sobre piedra.
Sólo existe una posibilidad de salvación y es el Dharma, no como religión o secta organizada con su influencia social y penetración en la política o la industria, etc. No, nos referimos a la implantación de un nuevo criterio de vida humano, el descubrimiento de que esa “mente pensante” es sólo un “addendum”, una extensión ilusoria que, además de procesar el producto de sus sentidos, también produce pensamientos en cadena estructurados alrededor de su ser imaginario.
Lo grande es que detrás de dicho ser imaginario se coloca una mente originaria, sin individualidad ni identidad, donde reside su verdadera naturaleza, idéntica a la de los demás seres humanos y una con el universo.
Si el ser humano descubre esta verdad, que ya anunció Shakyamuni hace dos mil quinientos años, a tiempo y en suficientes cantidades como para influir sobre los demás, tendremos la posibilidad de permanecer como especie dominante y perdurar durante muchos años, dejando detrás del inevitable fin, un planeta más verde y lleno de vida que el que encontró.