lunes, 24 de noviembre de 2008

Amanecer en zazen

El despertador del celular anuncia que son las 6:00 am. Perezosamente nos quitamos la colcha de encima y nos echamos un poco de agua helada en el rostro. Luego al zendo para iniciar el dia. Entre los pinos se filtra apenas algo de resplandor. Se escuchan algunos gallos cantar, primero timidamente, luego mas fuerte. Compiten con ellos algunas aves que tambien desean dar la bienvenida al dia. El termometro me enseño en su pantallita el numero 19 (grados), y un alto grado de humedad. El manto tibetano de meditacion sobre los hombros me resuelve el tiritar del frio en el pecho y la espalda. Enciendo el velon del altar y un trozo de incienso. Hago la reverencia de rigor, no a la estatua sobre el altar, sino a lo que sera mi zazen como expresion de la busqueda del despertar que reside en algun lado de mi ser. Este ser despierto (Buda) que ya soy encontrara, si lo cultivo, la forma de manifestarse en mi vida. El ser confundido y extraviado que soy de alguna manera se ha de disolver, aunque sea durante la media hora del zazen. Comienzo la marcha del medidor de tiempo de Radio Shack, que me permite olvidarme del tiempo, doy tres campanadas del pequeño "gong" japones, asumo la posicion correcta para el zazen y tambien doy la bienvenida al nuevo dia.