domingo, 8 de febrero de 2009

En medio de un aguacero


En medio de un aguacero, de neblina y un buen frío, para nuestras latitudes, en Jarabacoa, muchos pensamientos pasan por mi mente. Principalmente sobre la relevancia de todo lo referente a la “espiritualidad”. Además, sobre por qué y para qué hacemos las cosas. Los Amidistas japoneses recitan “Namu Amida Butsu”, pensando que así van al paraíso de Amitabha (Amida Buda), ¿No saben que ya lo están? Como le dijo Cristo al buen ladron, “Ya estas en el mismo paraiso”.
¿Adónde estoy aquí y ahora, dónde anhelo estar? ¿El aguacero y la neblina son el paraíso de Amitabha Buda? Dice Uchiyama Roshi que el zazen es ya ser “iluminados”, podriamos decir: haber llegado a la “meta”, pero, ¿existe una meta? ¿Hay respuestas o preguntas? Y las respuestas, ¿qué contestan? ¡Pienso en el hombre helénico tirado sobre el césped mirando el cielo nocturno identificando las constelaciones y rumiando ideas sobre el “ethos”! Sumergidos en “espiritualidad”…Y seguimos buscando, cuestionando el alma (¿simple desprendimiento del ego?).
Y dios, o Dios, ¿qué dice? Está mudo. Su lenguaje es el mundo, su sentencia es el mundo. ¡El Samsara, la rueda de la existencia del Tataghata! Una rueda eternamente girando halada por nuestras acciones… Brahma respira y el universo se expande, tal como han descubierto últimamente los científicos. Se expandirá hasta un punto en que se desmoronará como una galletita. Claro, no estaremos aquí para observarlo por unos binoculares. Nuestras moléculas formarán parte del mismo universo, del Cosmos, y de alguna manera estaremos allí, sin binoculares, en ese maremagnum de destrucción.
¡Disparates! Me pregunto de que está hecha la vida sino de “disparates”… ¡Nimiedades que se piensan sentados en el sanitario! ¡Como los “makyos” del zazén, visiones proyectadas por una mente desaforada al quitársele sus ocupaciones habituales! Al cesar el mundo de la cotidianidad e introducirnos en el dinámico caleidoscopio de nuestras proyecciones, de nuestra muerte, que es otra ilusión…por estar “vivos”, ya que sólo los vivos piensan en la muerte. ¿Y sin vida, en qué se puede pensar? Porque estos pensamientos, que comienzan con el primero al nacer y siguen, concatenados, hasta el final, son lo que llamamos “vida”. ¿Cuál será mi último pensamiento? Pienso que probablemente pensaré en mi madre, que mucha falta me ha hecho.
Hay psicólogos que someten a sus clientes a un nuevo nacimiento, en posición fetal, encerrados en un cajón, y, por fin, cuando llega el momento, los hacen salir por un agujero al mundo, en un nuevo nacimiento y una nueva vida, sin el trauma del primer parto. El primer parto sobra, o sencillamente no ocurrió jamás. Nos quitamos esta atroz persona de encima y agarramos otra, como un nuevo par de guantes. Una persona que cambió de religión comentó una vez que le pareció como quitarse una camisa sucia y lavarla para ponérsela de nuevo, pero, a la postre, era la misma camisa. ¿Las religiones no son el conjunto del bagaje cultural de la Humanidad, así, con mayúscula, en su lucha con lo desconocido?
No podemos practicar zazén y quedarnos allí, suspendidos en la nada que anhelamos…hay que saltar en el paracaídas de una nueva visión. Ver que al caer de nuevo en nuestra cotidianidad, seremos los mismos, y, lo que se logre, (ya que nada se “logra”), se resolverá con un bostezo.