viernes, 17 de julio de 2009

Genjo-koan (La realización del asunto fundamental)






Por Dogen Zenji - Maestro de todos nosotros

Cuando todos los darmas son Buda-darma, hay iluminación y engaño, vida y muerte, budas y creaturas. Cuando los diez mil darmas carecen del yo, no hay engaño, ni iluminación, ni budas, ni creaturas, ni vida ni muerte. El camino de Buda trasciende la existencia y la no existencia, y por ello hay vida y muerte, engaño e iluminación, creaturas y budas.

Sin embargo, las flores caen, causando apego, y la mala yerba crece, suscitando odio.

Cargar con el yo y realizar los diez mil darmas, es engaño. El que los diez mil darmas avanzan y realizan el yo, es iluminación.

Son los budas quienes iluminan el engaño.Son las creaturas quienes se engañan en la iluminación.

Además, hay quienes están iluminados por encima de la iluminación, y hay quienes se engañan dentro del engaño.

Cuando los budas son verdaderamente budas, no necesariamente saben que son budas. Sin embargo, uno mismo es el Buda realizado y avanza más en la realización de Buda.

Al ver formas con mente-y-cuerpo entero, al oír sonidos con mente-y-cuerpo entero, uno los entiende íntimamente. Pero a diferencia del espejo con reflejos y del agua bajo la luna, cuando un lado está iluminado, el otro est oscuro.

Estudiar el Camino de Buda es estudiar a sí mismo. Estudiar a sí mismo es olvidarse de sí mismo. Olvidarse de sí mismo es ser iluminado por los diez mil darmas. Ser iluminado por los diez mil darmas es estar libre del cuerpo-mente de uno mismo y de los de otros. No queda rastro de iluminación, y esta iluminación sin rastro sigue para siempre.

Cuando al principio uno aspira al darma, se encuentra lejos de la morada dármica; pero al transmitirse el darma cabalmente a sí mismo, uno es, al instante, su yo original.

Al viajar en un barco, si uno observa la costa, puede suponer que la costa se desplaza. Pero, observando el barco directamente, uno sabe que es el barco que se desplaza. Si uno examina los diez mil darmas con su mente-cuerpo engañado, supondrá que su mente y la naturaleza son permanentes. Pero si uno practica íntimamente y regresa al verdadero yo, le será claro que los diez mil darmas carecen de un yo.

La leña se hace ceniza y no vuelve a ser leña otra vez. Pero no debes suponer que la ceniza es después y la leña antes. Debemos darnos cuenta que la leña se encuentra en el estado de ser leña, y que tiene su antes y su después. No obstante, a pesar de este pasado y futuro, su presente es independiente de ambos. La ceniza se encuentra en el estado de ser ceniza y tiene su antes y su después. Del mismo modo que la leña no se hace leña otra vez después de hacerse ceniza, después de la muerte uno no vuelve a la vida de nuevo. Por tanto, el que la vida no se convierte en la muerte es un hecho absoluto del Buda-darma. Por esta razón, la vida se llama lo no nacido. El que la muerte no se convierte en la vida es la vuelta que el Buda da a la rueda dármica confirmada. Así, la muerte se llama lo no extinguido. La vida es un período por sí misma y la muerte es un período por sí misma. Son, por ejemplo, como el invierno y la primavera. No pensamos que el invierno se convierte en la primavera, ni decimos que la primavera se convierte en el verano.

Realizar la iluminación es como la luna que se refleja en el agua. La luna no se moja ni el agua se perturba. Aunque su luz es extensa y fuerte, la luna se refleja hasta en un charco de una pulgada de ancho. Toda la luna y todo el cielo se reflejan en una gota de rocío en el pasto, en una gota de agua. La iluminación no perturba a la persona, así como la luna no perturba el agua. Una persona no obstaculiza la iluminación, así como una gota de rocío no obstaculiza la luna en el cielo. El grosor de la gota es la altura de la luna. En cuanto a la duración del reflejo, debes examinar la vastedad o la pequeñez del agua, y debes discernir la brillantez o la obscuridad de la luna celeste.

Cuando el darma no llena nuestro cuerpo-y-mente, creemos tener suficiente. Cuando el darma llena nuestro cuerpo-y-mente, nos damos cuenta que algo hace falta. Por ejemplo, cuando miramos en las cuatro direcciones desde un barco en el océano donde no avistamos tierra, el mar se ve circular y nada más. No son aparentes otros aspectos. Sin embargo, este océano no es redondo ni cuadrado, la variedad de sus cualidades es infinita. Es como un palacio, como una joya. Parece ser circular según el alcance de nuestros ojos en ese momento. También son así los diez mil darmas. Aunque la vida secular y la vida religiosa tienen muchos aspectos, sólo reconocemos y entendemos lo que puede alcanzar el poder de nuestra vista penetrante. Para poder apreciar los diez mil darmas, debemos saber que, aunque a veces parecen redondas o cuadradas, las demás cualidades de los océanos y las montañas son de una variedad infinita, además de que en todas partes existen otros universos. Es así, no sólo en nuestro derredor, sino también aquí mismo, aun en una gota de agua.

Cuando un pez nada en el océano, el agua es ilimitada, por muy lejos que nade. Cuando una ave vuela por el cielo, el aire es ilimitado, por muy lejos que vuele. Sin embargo, desde el inicio no ha habido pez o ave alguna que haya dejado su elemento. Cuando la necesidad es grande, el elemento se aprovecha en grande. Cuando la necesidad es reducida, el elemento se aprovecha de manera reducida. Por esto, ninguna creatura desaprovecha su totalidad. Dondequiera que se ponga, no deja de cubrir el terreno. Si una ave abandona el aire, morir en seguida. Si un pez abandona el agua, morir en seguida. Que se sepa, pues, que el agua es vida, que el aire es vida. El ave es vida y el pez es vida. Vida es el ave y vida es el pez. Más allá de estas implicaciones y ramificaciones, no hay otras.

Ahora bien, si una ave o un pez tratan de llegar al límite de su elemento antes de moverse en él, esta ave o este pez no hallarán su camino ni su lugar. Al realizar tal lugar, la vida cotidiana es la realización de la realidad absoluta (genjokoan). Como el lugar y el camino no son grandes ni pequeños, ni sujeto ni objeto, y como no existían antes ni est n sólo apareciendo ahora, por tanto, existen así. Entonces, si uno practica y realiza el Camino de Buda, al alcanzar un darma, completa un darma. Al salir uno al encuentro de una acción, practica una acción.

Ya que el lugar es aquí y el Camino conduce a todas partes, no son conocibles los límites de lo conocible simplemente porque nuestro conocimiento aparece, y practica, junto con la perfección absoluta del Buda-darma. No practiques pensando que la realización debe pasar a ser el objeto de tu conocimiento y opinión y que debe captarse conceptualmente. Si bien su logro se manifiesta simultáneamente, uno no contacta necesariamente su naturaleza íntima. Algunos la contactarán y otros no.

El sacerdote Pao-ch'e de Ma-ku shan se abanicaba. Un monje se le acercó y le preguntó: "Señor, la naturaleza del viento es permanente y no hay lugar a donde no llegue. Entonces, ¿por qué sigue usted abanicándose?" El maestro le contestó: "Aunque tú entiendes que la naturaleza del viento es permanente, no entiendes qué significa eso de su llegada a todas partes." El monje luego le preguntó: "¿Qué es el significado de su llegada a todas partes?" El maestro sólo se abanicó. El monje hizo una reverencia de profundo respeto.

Esta es la experiencia iluminada del Buda-darma y de la vía vital de su correcta transmisión. Quienes dicen que no debemos usar un abanico porque el viento es permanente, por lo que debemos conocer la existencia del viento sin usar un abanico, no conocen la permanencia ni la naturaleza del viento.

Por estar el viento presente eternamente, el viento del budismo actualiza el oro de la tierra y madura el queso del largo río.