sábado, 8 de septiembre de 2012

Entonces: ¿Qué es este “zazen”?



Magna pregunta…que tiene varias respuesta posibles. Como todo, es cuestión de puntos de vista.
Una puede ser: Es una meditación budista que practicada con insistencia puede llevar a la “iluminación”… como si la iluminación no la tuviéramos ya, desde el nacimiento.
Otra: una práctica para tranquilizar la mente. Como si hubiera “algo” que tranquilizar.
Otra más: una forma de conocer el Buda. Como si hubiera algo que conocer.
Y si yo digo que el zazen es un remedio contra la soledad. Nadie me entiende.
¿La soledad no es la enfermedad existencial del ser humano?
¿Por qué estamos “sólos”? Pues propongo una explicación antropológica, tratando de desmontar todos los mitos con que la cultura humana adorna las cosas.
Hace unos 50,000 años la especie Homo Sapiens  que venía evolucionando como una de las especies de homínidos con que la naturaleza trataba de crear un ser humano, después de la extinción de otra de esas especies, la Neanderthal, tuvo la necesidad, para seguir avanzando, de crearse un yo, que luego creció y se convirtió en un ego.  
Los psicólogos evolucionistas aceptan las siguientes capacidades del ego humano:
-Capaz de estructurar un representación interna, mental, del pasado de una persona, experiencias presentes y metas futuras – combinación de memoria e imaginación.
- Una función “ejecutiva” (sí, que ejecuta acciones) capaz de pensar, actuar y generar sentimientos y emociones.
- Un “potencial de reflexión”   que en efecto sería un yo actuante y requiere la constante interacción entre la representación interna y la función ejecutiva (ego) que determina cómo establecemos nuestras metas y realizamos nuestras acciones,  y decide qué merece nuestra atención.
- Y, muy importante, la estructuración de un mundo dualista con su separación como una entidad separada, por un lado, y el mundo, por el otro: el desarrollo de un "Yo" y "Otro", YO y NO YO, "A" no es "B".
Los demás miembros del reino animal no poséen este conjunto de capacidades.
Ni decir que el Homo Sapiens sale de ese período de su evolución equipado con una enorme serie de competencias y habilidades que lo hicieron letal como entidad actuante en este planeta. En alrededor de 30,000 años se ha adueñado del planeta, aniquilándose entre sí con regularidad y en el proceso dejando un  baño de sangre y sufrimiento que vemos en la prensa de todos los días.
Ha sido un ser capaz de grandes crueldades determinadas por su “función ejecutiva”, es decir sus intereses y creencias, y grandes actos de humanidad y amor (los menos), cuando su ego se ha visto “desmontado” por poderosas ideas y altas metas.
¿Por qué hablo de estas cosas dentro de unas reflexiones sobre el zazen? Pues, sencillo, hace 2,500 años un personaje del norte de la India señaló esta situación como la enfermedad de la humanidad.  Dijo que estamos enfermos y la enfermedad se llama ignorancia. Nos hemos separado del mundo y convertido en monstruos. Es esencial iniciar un proceso para desmontar los aspectos negativos de estos monstruos y volver a integrarlos con su verdadera realidad.  
Sería un paso adicional en nuestra evolución, “des-evolucionando” esta función ejecutiva y reintegrándonos a una visión integral de nuestra existencia.
Vemos expresiones de Shakyamuni sobre esto como las que siguen: “Cuando la naturaleza real de las cosas se hace clara para el Bikshu (monje) en meditación, todas sus dudas se desvanecen, puesto que ha aprendido qué es esa naturaleza y cuál es su causa. De la ignorancia nacen todos los males. El conocimiento produce el cese de este cúmulo de sufrimiento, y entonces el Brahman (hombre sabio) en meditación se yergue y dispersa las huestes de Mara (la ignorancia), como el sol que ilumina el cielo”.   
El “conocimiento” no es más que la comprensión de que nos hemos “alienado” y tenemos que volver a la matriz original.  El planteamiento es que el ser humano tiene que regresar a ser un miembro más del club de los moradores del planeta y adquirir una visión de conjunto primero de la raza humana como máxima expresión de la evolución y segundo cuidar esmeradamente de su ambiente que no es otro que el planeta donde nos toca vivir. Es necesario eliminar la visión de que somos algo separado de un mundo que clasificamos y etiquetamos según nuestros gustos y antojos.
Shakyamuni postuló como máxima herramienta para de este proceso la meditación budista que no es otro que el zazen.
Después de esta breve e insuficiente explicación, regresamos al tema del zazen. La metodología de la meditación se encuentra profundamente entrelazada con la historia de la India y no fue invento de Shakyamuni. Ofrecemos una ilustración de una persona en postura de loto de hace más de 3 milenios antes de nuestra era en una caverna del valle del Índus.   
La posición de loto, muy utilizada en muchas escuelas de espiritualidad, tiene una combinación de factores que la hacen admirablemente útil para lograr muchos beneficios.
La posición combina tanto elementos físicos como mentales. Integra las dos partes de nuestro ser, percibidas como dos partes, cuando en realidad son una. Es en la meditación que unimos la unidad mente/cuerpo un una realidad.
Lo que ocurre de allí en adelante es cuestión del objetivo de la escuela y la filosofía que determina la actividad.
Si el ser humano sufre de soledad porque ha desintegrado su mundo y se ha aislado de la existencia, para Shakyamuni la meditación en postura de loto (forma clásica de representar el buda), es la reintegración.  Durante un instante el meditador regresará a ser uno con el mundo y la existencia. Durante ese instante la función ejecutiva (ego) dejará de existir. La persona vivirá un presente eterno despojado de su mente egoísta, y descubrirá que siempre ha sido un iluminado pero que la confusión y la ignorancia habían impedido que lo viera.
Si esta práctica se prolonga y se convierte en una base estable de nuestra vidas, con el tiempo este despertar se consolida y se convierte en realidad, nuestra realidad, logrando así el último y definitivo paso en la evolución humana.  Habrá aparecido el ser humano ideal, con una inteligencia magnifica pero también con un sentido de humanidad desarrollado.
Muchos no saben por qué practican zazen  y el secreto es simple, ¡ES PARA REGRESAR AL HOGAR!